Luché contra la bulimia durante 20 años y gané la batalla

Luché contra la bulimia durante 20 años y gané la batalla

A mis 54, volteo al pasado y no puedo creer que han sido casi 20 años siendo abstinente en término de recuperación Foto: Phillippe Diederich

Cuando apenas tenía 16 años, era una excelente estudiante, pero también era tímida y tenía la autoestima por los suelos. Los libros se convirtieron en mis mejores amigos. Un día, una compañera hizo un comentario sobre mis muslos. Dijo que se venían más gruesos. Recordando aquello, sé no había ni un gramo extra de grasa en mi cuerpo. Sin embargo, decidí ponerme a dieta. Había crecido viendo a la mujer de mi padre y a mis amigas hacer dieta una y otra vez. Al quinto día de dieta, sentía tanto hambre que me metí en una panadería y compré una caja de chocolates. Me los comí todos de un tirón.

Fue como una inyección de heroína y el comienzo de una pesadilla. Mi vida, mi mente y mi alma dejaron de pertenecerme. La mayor parte de mi tiempo se dividía entre darme un atracón de comidas prohibidas y en hacer dieta para deshacerme de la grasa que había ganado. A menudo atacaba la nevera en el medio de la noche o cuando mi familia no estaba en casa.

En vez de ir a clases, caminaba por las calles de Madrid, España, deteniéndome en una panadería tras otra, comiendo hasta que me dolía el cuerpo. No podía respirar y sentía taquicardia. Quería morir. Me odiaba por haber perdido el control de mi vida. Una vez, después de darme un atracón en mi habitación y vomitar, tomé unas tijeras y lentamente las clavé en mi antebrazo hasta sangrar. Quería sentir el dolor. Hasta el día de hoy llevo la cicatriz como un recordatorio de aquellos días oscuros.

Sabía que algo en mí andaba realmente mal, pero no tenía idea que se trataba de un trastorno con nombre propio: bulimia. Descubrí esto cuando compré una revista de Estados Unidos y leí sobre una jovencita que tenía los mismos síntomas que yo. Desafortunadamente, también descubrí cuál era su secreto para mantenerse delgada: provocarse vómitos.

A los 17, desaprobaba asignaturas de la escuela y sufría de depresión clínica. Acudí a un psiquiatra que me prescribió anfetaminas para sacarme del pozo en el que estaba. ¡Amaba las píldoras! Me hicieron perder peso, pero también me volvieron hiperactiva y ansiosa. Una mañana, cuando iba hacia la escuela, casi me atropella un coche, porque crucé sin prestar atención.

Cuando cumplí 20 años, en un intento por controlar mi bulimia, me convertí en instructora de fitness, pero entre cada clase seguía comiendo y vomitando. Sufría cambios de humor, me sentía sola y fuera de control. Tenía miedo de mí misma. No podía pasar la noche en la casa de amigos porque sabía que iba a arrasar con lo que tuvieran en la despensa.

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Luché contra la bulimia durante 20 años y gané la batalla

Mis hijas y yo en 2011. Convertirme en mamá fue mi escape hacia la recuperación. Foto: Pezz Photo

Gastaba todo mi dinero en comida. Después del almuerzo y la cena, iba al baño y abría la ducha al máximo para disimular el ruido de las arcadas. A veces, sin querer, dejaba rastros de haber estado vomitando. Cuando esto me hacía enfrentarme a mis seres queridos, encontraba otros lugares: baños públicos o bolsas de plástico en mi habitación que después tiraba junto con la basura.

Los efectos secundarios de la bulimia fueron, en mi caso, desmayos, arritmia, caries, problemas en los riñones, pérdida de cabello, depresión y desprecio por mí misma. Me sentía atrapada. Buscaba respuestas en libros, haciendo ejercicio, con dietas y terapia, pero nada funcionaba.

Mi camino de recuperación fue muy largo. Incluyó grupos de ayuda, terapia, antidepresivos, mucha paciencia de quienes me rodeaban y auténtica determinación por mi parte. Cuando la gente me pregunta cómo me recuperé, no puedo darles una respuesta directa; ojalá pudiera. Fue una suma de cosas. Tuve que vencer mi miedo a la comida, aumentar la confianza en mí misma y aprender a quererme de nuevo. Los estudios sobre el tema afirman que hay un pequeño porcentaje de personas con bulimia que logran recuperarse por su cuenta. Creo ser una de ellas.

Vencer la bulimia fue mi meta durante gran parte de mi vida. Pasé años investigando sobre desórdenes alimentarios, leyendo libros de autoayuda y haciendo todo lo que estuviera a mi alcance para salir de ese infierno. Mientras tanto, para el mundo exterior, yo me convertía en una profesional exitosa. Abandoné el mundo del fitness y me convertí en traductora y, con el tiempo, en escritora profesional.

Por muchos años escribí un diario personal y sentí que tenía que hacer algo útil con todas esas notas. A los 29 años, mientras aún luchaba con mi trastorno alimentario, decidí sentarme a escribir mi historia. Quería crear consciencia sobre el tema en España, donde incluso los doctores que habían intentado tratarme sabían muy poco sobre este trastorno. Mi primer libro, Me siento gorda, fue publicado en 1993, cuando tenía 30 años, y aún se sigue vendiendo. Desde entonces, construí una carrera profesional escribiendo libros sobre cómo sobreponerse a los retos de la vida.

Ya pasados los 30, cuando decidí tener hijos, tuve algo bien claro: no podía permitir que mi trastorno alimentario interfiriera con la maternidad. Además, debía ser un ejemplo saludable para mis niñas. Conseguí aumentar una cantidad saludable de kilos durante mis dos embarazos. Comía de forma saludable y hacía ejercicio con moderación, sin preocuparme demasiado al respecto. Sabía que lo estaba haciendo bien. Mis hijas, ahora adolescentes, tienen una relación saludable con su cuerpo, son extrovertidas y decididas. Espero que sigan siendo así. No puedo imaginar el dolor de verlas padecer lo mismo que padecí yo.

Nunca puedo estar 100% segura de estar fuera de peligro, pero hoy, pasados los 50, me quiero a mí misma, con patas de gallo, muslos flácidos y todo lo demás. Disfruto de comer y cocinar, sin pensar en las calorías. Rara vez me peso y nunca siento la necesidad de darme un atracón o de pasar hambre. Me alimento bien y entreno con moderación. Aunque tuve una breve recaída cuando me mudé a Estados Unidos, hace trece años, hoy todo parece haber sido un mal sueño.

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Luché contra la bulimia durante 20 años y gané la batalla

Si yo pude recuperarme en mente y alma, ¡tu también puedes! Foto: Phillippe Diedierich

Señales de que podrías padecer bulimia

  • Comer por razones que nada tienen que ver con el hambre. Comer para consolarte, por frustración, por enfado o por depresión.
  • Vomitar para eliminar lo que comiste y abusar de laxantes o diuréticos.
  • Entrenar de forma compulsiva (en vez de seguir una rutina regular). Hacer ejercicio a mitad de la noche tampoco es raro en estos casos.
  • Esconderte para comer.
  • Sentirte avergonzada de tu comportamiento pero no poder cambiar.
  • Sentirte fuera de control.
  • Depresión, odio hacia ti misma y pensamientos suicidas.

Señales de alerta de bulimia en un ser querido

  • Se preocupa demasiado por cuánto pesa, más allá de si tiene exceso de peso o no.
  • Aumenta mucho de peso en muy poco tiempo y es capaz de perderlo igual de rápido.
  • Parece comer mucho, pero no aumenta de peso.
  • No come en compañía de otras personas.
  • Sigue ciertos rituales al momento de comer: corta la comida en trozos muy pequeños, solo come determinadas comidas, se obsesiona con las calorías.
  • Hace ejercicio de forma compulsiva.
  • Se va al baño después de comer. Tarda un poco y abre la canilla o el secador de cabello para tapar los ruidos de las arcadas.
  • Niega tener un problema y se pone a la defensiva.
  • Cuando el trastorno alimentario llega a su punto máximo, tiene bajo rendimiento en el trabajo o la escuela. Antes del comienzo de la bulimia, sin embargo, su desempeño era excepcionalmente bueno, pues las personas con bulimia suelen ser exitosas.

Estrategias para lidiar con la bulimia
La bulimia y la anorexia, como otras adicciones, afectan a toda la familia. Es necesario que todos se involucren en el proceso de recuperación y estén atentos a sus propias necesidades antes de ayudar al que está sufriendo.

  • Tú no eres tu trastorno. Tú tienes un trastorno y puedes recuperarte.
  • Aunque no tienes la culpa de padecer un desorden alimentario, solo tú eres responsable de hacer todo lo que esté a tu alcance para salir adelante.
  • Ten en cuenta que puedes sufrir recaídas. Estate lista para los contratiempos y considera tu recuperación como una carrera de larga distancia. Recuperarse puede ser un proceso largo y difícil, pero vale la pena transitarlo.
  • Es importante que sepas que cuando te recuperas de un trastorno alimentario, te sientes capaz de sortear cualquier desafío que se te presente.

A dónde acudir para recibir ayuda e información

Lorraine C. Ladish

Bilingual and bicultural Latina editor, writer, speaker, online influencer and mom. Founder of Viva Fifty! Published author of 18 books. Her forthcoming title Your Best Age will be released by HarperCollins in September of 2017.