Estrategias para emprender un negocio en la mediana edad

Estrategias para emprender un negocio en la mediana edad

¿Cuál es la diferencia entre un joven que decide emprender a los 20 años y un adulto que se atreve a hacerlo a los 50? Quizás me digas que el de 20 tiene más energía o que no tiene una familia a cargo o que no tiene nada que perder. Y puede que hasta sea cierto. Pero comenzar un negocio en la mediana edad tiene otras ventajas y es bueno focalizarse en ellas para no desanimarse. Me refiero a la experiencia, por ejemplo, que vale, y no es un lugar común.

A lo largo de tu vida has hecho cosas, de forma profesional o como afición, has conocido gente y distintos ambientes, ya tienes cierto instinto respecto a qué quiere la gente. Y también tienes templanza, la suficiente para encarar un negocio con seriedad, sabiendo que podría ser tu fuente de ingresos por los próximos años. Con esto quiero decirte que cada edad tiene características propias y lo importante es capitalizar lo positivo de cada etapa.

Definir tu pasión
Iniciar un negocio tiene que ir de la mano con desarrollar una pasión. Eso que siempre te ha gustado o que ha sido tu afición debería ser el punto de partida para definir qué servicio o producto vas a vender. A eso hay que sumarle el conocimiento: algo que te apasiona y sobre lo que, además, sabes. No se puede abrir un restaurante sin tener idea de cocina ni vender por catálogo si detestas las ventas, ¿no? Para trabajar de algo que no te interesa ya están los empleos tradicionales.

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Estrategias para emprender un negocio en la mediana edad

Dejar tu empleo de a poco
Si tienes un trabajo convencional, con un jefe y una oficina, quizás temas apostar todo a tu proyecto y quedarte sin nada. Es lógico. Lo ideal es tratar de ir armando tu negocio en los ratos libres, después del trabajo o en los fines de semana para que comience a funcionar. Una vez que vaya tomando cuerpo, te sentirás más segura para renunciar a tu empleo.

Ponerte metas
Una de las cosas más difíciles de iniciar un negocio y ser tu propio jefe es que puedes ser… menos estricto. O no. Hay personalidades más autoexigentes que otras. En todos los casos, para saber manejar la libertad de regular tus propios tiempos, ármate un listado de objetivos y tareas. Incluso agéndalo. Tal día: armado de redes sociales. Todos los martes y jueves: buscar clientes. Piensa, organiza y ejecuta un plan de acción para no quedarte en los detalles y avanzar.

Ser paciente
Ningún emprendimiento genera dinero a la semana de ser creado. Por eso te decía que tienes a favor la templanza. Date tiempo: sin pausa pero sin prisa. Trabaja cada día en hacer crecer tu negocio, piensa hacia dónde puede expandirse. No desesperes, en vez de eso miralo desde afuera y observa qué falta y cómo mejorarlo. Difúndelo más allá de tus círculo cercano para ver qué devoluciones obtienes de la gente y usa eso para seguir afilando el lápiz e ir creciendo.

Pensar en lo positivo
Es fácil perder la motivación. Y es ahí cuando tienes que pensar en por qué decidiste armar tu propio emprendimiento en vez de seguir siendo empleada. Para tener independencia económica a futuro, para tener más tiempo para tu familia, para poder dedicarte más a ti misma, para cumplir tu sueño de vivir de lo que te gusta, para poder viajar sin pedir permisos. Anótate estas motivaciones para recordarlas cada vez que te desanimes.

Alejandra Sarasqueta

Alejandra Sarasqueta es escritora residente en Argentina. Estudió cine, escritura y redacción. Ha colaborado con Suite101 y ahora es Guía de Belleza y de Espectáculos para la Guioteca del diario El Mercurio en Chile. Escribe sobre películas en su blog "La entrada al cine" y también sobre teatro y mujeres fabulosas de más de 50 años.