Aprender de memoria para ejercitar la mente

Aprender de memoria para ejercitar la mente

Acabo de descubrir que pertenezco a una generación olvidada y caduca que aprendía cosas de memoria. Los maestros nos obligaban a aprender cosas de memoria, a veces cantando en voz alta, todos a una, con sonsonete. La tabla de multiplicar, por ejemplo, la gritábamos todos y la metíamos en la cabeza de a fuerza de repetición. La gramática también era obligatorio aprenderla de carrerilla: los géneros en castellano son masculino, femenino, neutro, común, epiceno y ambiguo, y hoy, setenta y ocho años después todavía lo sé y puede repetirlo, como acabo de hacer ahora, sin consultar una gramática.

La literatura era otra materia que teníamos que memorizar. Así me sé Las coplas de Jorge Manrique, La profecía del Tajo, poemas enteros de Gabriel y Galán, de Bécquer, de Zorrilla, Espronceda, de Machado… Y en inglés me sé de memoria citas largas de Shakesperare, Milton, Coleridge, John Donne, Blake, y el Gettysburg Address de cabo a rabo… e incluso en francés recuerdo Baudelaire, Rimbaud, Villon…

Todo eso que sé de memoria… ¿me ha marcado negativamente? ¿Me ha convertido en un loro estúpido? ¿Me pesa la cabeza más que a los demás?

La revolución de la enseñanza escolar
Después vinieron los pedagogos listos, los revolucionarios y proclamaron que las cosas no había que aprenderlas de memoria, había que comprenderlas. Y toda la memorización escolar salió por la ventana. Y el resultado lo vemos y palpamos y oímos todos los días, para desgracia y consternación de los que, en su día, estudiamos de memoria. Nadie parece saber nada. La memoria no sirve, es algo que no hay que cultivar. La generación “desmemoriada” tiene que apuntarlo todo, y si no lo hace olvida las cosas más elementales. El otro día me dieron plantón en una cita y la excusa de no haber asistido fue que se le había olvidado a la persona consultar su agenda para ese día. Por no acordarse, no se acuerdan de mirar lo que tienen que recordar. Inaudito.

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Aprender de memoria para ejercitar la mente

Como no sabemos en qué consiste la memoria y no sabemos cómo almacenamos lo que queremos recordar, es absurdo decir que no aprendamos de memoria. Claro que debemos comprender lo que memorizamos, pero si no lo sabemos –y de memoria- mal vamos a poder analizarlo.

¿Cómo vamos a saber las palabras de un idioma extranjero si no las almacenamos en nuestra memoria? ¡Por el amor de Dios!

Las ventajas de aprender las cosas de memoria
Aprender de memoria no le va a hacer daño, muy al contrario. La capacidad memorística, de almacenamiento de datos, se queda a largo plazo, para toda la vida. La tabla de multiplicar aprendida de memoria quedará con nosotros hasta que pasemos a mejor vida. Claro, tenemos calculadoras, pero… no es igual. Con frecuencia y después de usar una calculadora, me dicen una cifra y mi cerebro me dice que no es correcta. Me lo dice por las prácticas que hice de hacer largas sumas, restas y multiplicaciones que mi abuelo me obligaba a hacer todos los veranos que estaba con él. ¿Soy más tonto por eso? Creo que no.

En inglés aprendí de memoria y con sonsonete que i before e, except after c. Y no me ha dañado el cerebro.

La ventaja de tener buena letra
Tener buena letra y escribir a mano es un ejercicio maravilloso que enseña calma, paz interior y buena caligrafía. Al copiar un poema, por ejemplo, empleamos un sistema neuromuscular y visual que refuerza las neuronas cerebrales.

Delfín Carbonell Basset

Delfín Carbonell is a graduate of Duquesne University and the University of Pittsburgh. He holds a Ph.D. in Philology from Madrid and has authored 35 books in both English and Spanish, published by McGraw-Hill, Barron’s, Larousse, Anaya and Serbal. He has taught at Pitt, F&M, Scranton and Murray St. University.