Ser madre a los 50 es posible ¡si te atreves!

Ser madre a los 50 es posible ¡si te atreves!

Hmmm… tema controvertido donde los haya. Yo, con 47 años, aún me niego a cerrar la puerta de la maternidad, a pesar de que hijos no me faltan. Nuestras abuelas y nuestras madres hubieran puesto el grito en el cielo o hubieran abierto los ojos sorprendidas si les hubieran dicho que se puede ser madre a los 50. Sí, se puede. Claro que esto conlleva riesgos y beneficios que debes considerar si te ronda la idea por la cabeza. Quizá nunca encontraste el momento de ser madre, quizá quieres volver a vivir la experiencia o deseas formar una nueva familia. Todo esto es posible, también debes pensar, muy despacio, que traer una vida al mundo a los cincuenta supone que tendrás una brecha generacional enorme con tu hijo dentro de tan solo 15 años, cuando se haya convertido en un adolescente y tú tengas 65 años. ¿No te asusta eso? Claro que no, el siglo XXI es el siglo donde la edad biológica empieza a pesar menos que la edad emocional. Además, la expectativa de vida ha aumentado y la globalización alcanza no solo a la información sino a la forma de vivir y ver la vida.

Ahora, con todo puesto sobre la mesa, vamos a echar un vistazo a esas ventajas y riesgos de ser una mamá 50. ¿Te parece?

Riesgos para ti y tu bebé
Después de los 40, las posibilidades de quedar embarazada disminuyen bastante, pero la medicina ha hecho posible que haya varias vías por las que puedes concebir un nuevo ser. Lo que no quiere decir que no implique riesgos para tu salud como hipertensión arterial, diabetes, desprendimiento de placenta y algunas otras condiciones, ya que tu cuerpo se está preparando para la pre menopausia o la menopausia más que estar listo para un embarazo. Tus óvulos ya no están en la mejor forma y tienes más riesgos de engendrar un bebé con problemas cromosómicos o congénitos, que nazca prematuramente y con bajo peso o que nazca sin vida.

Está bien, riesgo asumido, piensas. ¿Qué más me cuentas?

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Ser madre a los 50 es posible ¡si te atreves!

Ventajas para ti y tu bebé
Ya eres una mujer con mucha experiencia y mucha paciencia. Valoras las cosas que hace 20 años ni veías y tienes mucho para dar a tu bebé y para educarlo de una forma sabia. Tu deseo de ser madre es absoluto y eres muy consciente de lo que estás haciendo. Tu hijo crecerá al lado de una madre equilibrada y competente con tiempo para él, puesto que se supone que, más o menos, estás hecha económicamente hablando y eres capaz de manejar tu agenda para darle prioridad a tu hijo. No lo digo yo sola, un estudio de la University of London y University College London publicado en el Daily Mail asegura que “los hijos de mujeres mayores de 40 tienen una mejor salud física y emocional debido al mejor cuidado y atención que reciben, comparados con los hijos de madres en los 20”. Asimismo, estos niños “sufren un 22% menos de probabilidades de lesionarse de forma accidental” y “casi un tercio de los niños es menos propenso a ser ingresado en un hospital antes de los tres años de edad. Su desarrollo del lenguaje es mejor, y los conflictos entre padres e hijos se reducen a mayor edad de la madre”. ¿Será que las mujeres maduras tenemos más capacidad de comprensión y un punto de vista más relajado sobre la vida?

Ahí tienes. Pros y contras, como en todo.

Solo tú sabrás si realmente quieres empezar esta aventura en una etapa de tu vida en la que has madurado lo suficiente como para hacer realidad tus sueños. En este caso hay otra vida en juego. La de tu hijo. Piénsalo bien… y si estás segura… ¡Felicidades, mamá! ¡No dejes de contarme!

Veronique De Miguel

Veronique de Miguel es una comunicadora española licenciada en Filología inglesa. Es colaboradora en medios como VOXXI.com, About.com y Mamiverse.com y tiene su propio blog "Mujer Latina Online." Es directora de Mecenas XXI. Divide su tiempo entre escribir libros, editar, traducir y navegar las redes sociales, además de hacer entrevistas de radio cada viernes en "Ellos Mismos". Ha cumplido 45 años de vida y probado todos los estados civiles; hoy transita la vida con la experiencia necesaria como para no tomársela absolutamente en serio.