Practicar yoga a los cincuenta y tantos

Hacer yoga a los cincuenta y tantos

Es muy halagador recibir comentarios en mis fotos de yoga en Instagram. Verás, tengo 52 años, y empecé a practicar yoga a diario en agosto. Pero no quiero que nadie que mire mis fotos piense que conseguí este nivel de flexibilidad, fortaleza física y concentración en unos pocos meses.  La práctica del yoga es un largo camino, y no se trata solo de hacer complicadas posturas en las cuales te sientes súper feliz como por arte de magia. Es un camino que recorres durante muchos años para alcanzar equilibrio físico y paz interior. Se trata de trabajar con las condiciones físicas y mentales del día de hoy. Ni más, ni menos. Mi verdadero comienzo en la práctica del yoga fue hace 40 años, cuando alguien me regaló el libro, ahora ya amarillento y usado, Richard Hittleman’s Yoga: 28 Day Exercise plan.

My yoga journey in my fifties

Toda una vida de trabajo corporal
A los doce años empecé a correr. Pero descubrí que, aunque me gustaba correr, a menudo se traducía en dolorosas lesiones. Necesitaba otra actividad que me ayudara a mantenerme flexible y sentirme más relajada. Ese algo era el yoga. Cada día, de adolescente, ponía una toalla o manta sobre el suelo (no recuerdo tener una colchoneta) y practicaba yoga.

Según fui cumpliendo años, dejé de lado la disciplina porque me sentí atraída por la locura del aerobic en los años 80. A los veintipocos, me hice instructora de fitness. Eran los días de zapatillas Reebok y calentadores. Pasaron algunos años y fui descubriendo otras disciplinas que también me apasionaban: la danza moderna, baile de salón, salsa, natación …

Hacer yoga a los cincuenta y tantos

A los treinta y algo volví al yoga, esta vez durante el embarazo. Mi cuerpo se acomodó a las aperturas de cadera que luego me ayudaron muchísimo durante el parto. Además, me ayudaba a sentirme más centrada mental y emocionalmente.

A los 41 años, siendo mami de una niña de un año y otra de cuatro, padecí de hernia discal después de mover yo sola un pesado sofá. El dolor era tan intenso que me inyectaban cortisona una vez en semana. El médico me dijo que tendría que someterme a una intervención quirúrgica. En lugar de eso, hice terapia física y me curé la espalda con posturas de yoga como la cobra y el arco.

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Lorraine C. Ladish Yoga 50's 5

Durante todos esos años continué corriendo. A los 48, una amiga me animó a apuntarme a una media maratón. A pesar de sufrir una lesión en la cadera durante el entrenamiento, aún corrí las 13,1 millas (21 kilómetros). Terminar esa carrera fue una de las experiencias más gratificantes de mi vida. Nunca olvidaré la sensación de gratitud, vitalidad y expansión que sentí durante esa carrera. Me empujé y corrí de principio a fin porque sabía que seguramente sería mi única carrera larga.  

Después de aquella media maratón el dolor en la cadera era constante. Los médicos me recomendaron terapia física. Pero tenía en esos momentos tantas responsabilidades familiares y profesionales que no lograba sacar el tiempo para ello. Continué caminando y corriendo por diversión. Sabía que mis días de largas distancias habían terminado.  

My yoga journey in my fifties

Volver al yoga
Dicen que cuando el discípulo está preparado, aparece el maestro. Este pasado verano, a mi esposo lo invitaron a impartir un curso de fotografía en un retiro en las montañas de Carolina del Norte. Lo acompañé y me apunté a clases de yoga a la salida del sol, y asistí a clases de dibujo. Ahí fue cuando volví a mis raíces y me volví a enamorar del yoga. No soy madrugadora, pero ponía la alarma a las 6.30 cada mañana para ir a clase. Me sentía rejuvenecida, llena de energía y, lo mejor de todo, el dolor de la cadera comenzó a aliviarse.


Cuando volví a casa, empecé a leer sobre los diferentes tipos de yoga. Han cambiado mucho las cosas desde mis días de seguir el libro de Richard Hittleman. Ahora puedo elegir entre Ashtanga, Vinyasa, Yin y Restorative yoga, por nombrar algunas disciplinas. O puedo mezclarlas. Empecé a mirar videos de Youtube de todos los niveles y luego sobre la colchoneta seguí los que más me gustaron.

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My yoga journey in my fifties

Tengo a mis espaldas toda una vida de practicar distintas disciplinas deportivas. El cuerpo tiene memoria, y fue muy generoso conmigo cuando volví a meter los pies en las aguas del yoga. Así que, si estás considerando comenzar a practicar yoga, no importa la edad que tengas, si no estás en forma, te recomiendo que comiences con un instructor.

Dicho eso, te cuento que a los 52 el yoga hace que me sienta de nuevo flexible y ágil. Cada día practico alguna forma de yoga, pero no fuerzo la máquina como solía hacer de muy joven. Soy mucho más consciente de lo que me pide el cuerpo que cuando tenía 20 años.

Hacer yoga a los cincuenta y tantos ha eliminado por completo el dolor de cadera. También me ayuda a aliviar los desagradables síntomas de la menopausia. Me calma la mente y tonifica mi cuerpo. Es exactamente lo que necesito ahora. Todavía corro de vez en cuando. Aún hago ejercicios con pesas ocasionalmente. Me encanta bailar, es mi pasión. No sé lo que haré mañana o el año que viene. Pero hoy, hago yoga a diario, y comparto a menudo mis fotos en Instagram con la esperanza de inspirar a otras mujeres de mi edad.

Lorraine C. Ladish

Bilingual and bicultural Latina editor, writer, speaker, online influencer, yogini and mom. Founder of Viva Fifty! Published author of 18 books. Her most recent book Your Best Age was released by HarperCollins in September of 2017.