Saber gozar de la vida a cualquier edad

Mi abuela vivió una larga vida. Fue madre a los 42 años apenas en la mitad del S.XX, cuando sus amigas ya estaban siendo abuelas. Mi tía abuela Mary, su hermana, condujo un jeep rojo por las calles de Miami hasta que tuvo 85 años y hubo que retirarla del volante. Ambas estuvieron llenas de vida hasta que se “les acabó la cuerda”. Cuando cuento acerca de su vitalidad, su alegría y su don de gentes, mi interlocutor invariablemente me devuelve un “es que eran cubanas, m’hija”, como si la esencia del gozo de la vida estuviera radicado en un gen tropical.

Gozar de la vida no tiene edad

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Mi padre, que no tiene nada que ver con ellas sanguíneamente, tiene 78 años, conduce su BMW con regularidad desde Madrid hasta el Mediterráneo donde tiene un departamento en la playa. Allí disfruta con su pareja como si tuviera 25 años. Van, vienen, viajan, se ríen, cocinan… y él pinta maravillosos cuadros en el garaje o en la terraza. Después de una larga vida como marino mercante, habiendo dado la vuelta al mundo varias veces, sigue bronceado y atractivo con su barba nívea y los ojos chispeantes. Mis hijos le adoran porque es “mágico”.

Yo hace rato que entré en la mediana edad, vivo a 11.000 kms de España, mi país, en Buenos Aires, y ya llevo vividas varias vidas. A la edad en que mis colegas y conocidas empiezan a sentirse mayores para ciertas cosas, yo inicio y descubro una y otra vez. Y la verdad es que a medida que fueron pasando los años, he entendido lo que mis longevos y vitales mayores me estaban enseñando. Hay que saber gozar de la vida, no importa qué edad tengas.

Volver a empezar, recomenzar, hacer realidad los sueños es algo que puede conseguirse hasta el último minuto. Hace un par de días murió una gran actriz de teatro en Buenos Aires, Norma Pons. Esta mujer fue una gran vedette y actriz cómica a lo largo de su carrera pero, ya con más de 70 años, no había conseguido su meta más anhelada, un gran papel dramático en un gran escenario porteño.

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Y, ella, tan llena de vida y con un enfisema pulmonar que le había dejado con un 40% de capacidad respiratoria, consiguió cumplir su sueño este último año interpretando por primera vez a Bernarda Alba, de la obra de Lorca. Maravillosa, respirando con dificultad, exultante, aplaudida de pie, Norma murió a los 71 años celebrada como una gran actriz dramática. Iba a ensayar para su actuación en un show central de TV cuando se quedó dormida para siempre sentada en una butaca. Feliz.

Creo que la vida se alimenta de pasión y creo que la pasión está dentro de cada uno de nosotros sin importar que hayamos cumplido los 50 o no. Es más, me atrevería a rubricar que, pasados los 45, estamos pertrechados de la suficiente sabiduría, las herramientas necesarias para, por fin, ser las personas que somos.

¿Quieres viajar? ¿Hacer eso que secretamente has deseado? ¿Vivir un gran amor? ¿Dejar que la vida te regale sus colores más vibrantes? Pues sí, puedes, se puede. Mírate en el espejo, sáltate las arrugas y las cicatrices y observa tu mirada cuando piensas en ese proyecto. Dime qué ves…

Veronique De Miguel

Veronique de Miguel es una comunicadora española licenciada en Filología inglesa. Es colaboradora en medios como VOXXI.com, About.com y Mamiverse.com y tiene su propio blog "Mujer Latina Online." Es directora de Mecenas XXI. Divide su tiempo entre escribir libros, editar, traducir y navegar las redes sociales, además de hacer entrevistas de radio cada viernes en "Ellos Mismos". Ha cumplido 45 años de vida y probado todos los estados civiles; hoy transita la vida con la experiencia necesaria como para no tomársela absolutamente en serio.

Comments

  1. ¡Qué hermoso y rejuvenecedor texto! Tengo 42 años, estoy orgullosa de mi edad y de quien soy en este punto de mi vida, y espero seguir así los próximos 40 ó 50 años (¡los que vengan!). Realmente me alimenta leer estas líneas. ¡Gracias!

    1. Viva Fifty Viva Fifty says:

      Mil gracias x leer y comentar. Los 40 son muy muy bonitos. 🙂